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ESTRÉS INFANTIL: SÍNTOMAS, CAUSAS Y TRATAMIENTO

El estrés infantil sigue siendo hoy en día un área de estudio en desarrollo que precisa un mayor número de investigaciones, por lo que todavía encontramos más preguntas que respuestas referentes a este fenómeno.

El estrés es un constructo ampliamente investigado entre las personas adultas, ya que estas lo presentan con mucha frecuencia.

 

Sin embargo, durante las últimas dos décadas se ha connotado un auge de la presencia de este fenómeno entre niños y adolescentes, dando lugar a lo que se conoce como estrés infantil.

En este artículo hablaré sobre esta problemática durante la infancia y la adolescencia, delimitando sus características, causas y tratamientos.

¿Qué entendemos por estrés infantil?

Por lo tanto, a pesar de que los niños, por lo general, suelen tener unos factores ambientales menos estresantes que los adultos, estos también pueden padecer estrés en ciertas situaciones.

Pocos constructos en salud mental y psicopatología han sido tan importantes, pero a la vez, tan difíciles de definir como el estrés.

Las definiciones y las conceptualizaciones del concepto de estrés han sido múltiples a lo largo de los últimos años.

En la actualidad, las definiciones de estrés predominantes se centran en las condiciones o circunstancias ambientales que suponen una amenaza, desafío y/o exceden o dañan las capacidades biológicas o psicológicas de la persona.

Así pues, las definiciones de estrés incluyen un componente ambiental ante el que el organismo tiene que actuar.

Sin embargo, el factor ambiental no explica de por sí la presencia del estrés, ya que este es una respuesta realizada por el individuo.

De este modo, se considera también el estrés como una respuesta no específica del cuerpo ante cualquier demanda que requiere de adaptación.

Es decir: el estrés puede originarse ante cualquier estímulo (sea o no estresante), en el momento en el que la persona percibe el factor ambiental como angustioso o desagradable, y tiene problemas para adaptarse adecuadamente a él.

En definitiva, el estrés surge de la interacción entre los estímulos y los factores ambientales (que pueden ser más angustiosos o menos) y la respuesta de la persona ante ellos, la cual va destinada a adaptarse a través de los recursos que posee.

Esta primera aproximación al concepto de estrés es suficiente como para descartar la posibilidad de que sólo los adultos pueden padecer estrés.

De hecho, hoy en día todavía reina en nuestra sociedad la idea de que el estrés esta mayormente originado por los factores ambientales y los estímulos estresantes.

Entendemos con facilidad que una persona que trabaja 10 horas al día, tiene que cuidar a sus hijos, realizar sus estudios universitarios y llevar a cabo todas las tareas del hogar, estará fácilmente estresada.

En cambio, nos cuesta más entender que una persona con poca actividad, pocas exigencias y que dispone de mucho tiempo libre para descansar padezca estrés.

Sin embargo, el estrés surge de las respuestas que realiza una persona sobre sus factores ambientales, por lo que no son estos últimos los que determinan su presencia o su ausencia, sino que es la propia adaptación de la persona.

De este modo, una persona con pocas actividades, obligaciones y responsabilidades puede estar mucho más estresada que una persona con una agenda permanentemente ocupada.

Síntomas del estrés infantil
La manifestación del estrés en los niños difiere de los síntomas que padecen los adultos por este mismo problema, debido a las diferencias cognitivas, emocionales y conductuales entre mayores y pequeños.

Así mismo, la etapa de desarrollo es otro factor importante a la hora de explicar, ya que las manifestaciones de estrés que realiza un niño de pocos años de vida son distintas a las que realiza un niño más mayor.

De este modo, actualmente se dividen los síntomas de estrés infantil en dos grupos distintos en función de la edad del niño que lo padece.

Síntomas de estrés en niños menores de 5 años

Los niños más pequeños pueden manifestar su sensaciones de estrés a través de un estado de irritabilidad constante, llantos frecuentes y deseos de estar siempre en los brazos de sus padres para intentar mitigar su malestar.

Así mismo, pueden padecer pesadillas, miedos exagerados, normalmente a la oscuridad, a los animales o a separarse de sus padres, y modificaciones en su apetito.

Finalmente, el estrés infantil en niños de esta edad puede provocar dificultades en el habla y motivar un retroceso de comportamientos, realizando conductas más infantiles de lo que sería normal para su edad como orinarse en la cama o succionar el dedo.

Los niños de estas edades no son capaces de reconocer sus sensaciones como un estado de estrés, por lo que pueden manifestar su malestar a través de distintas modalidades de expresión.

Síntomas de estrés en niños mayores de 5 años

Los niños más mayores también puede manifestar su estrés a través de un estado persistente de irritabilidad o aumentando sus episodios de llanto inmotivados.

Así mismo, a medida que el niño se va haciendo más mayor es habitual que se muestre más agresivo de lo normal, realice comportamientos para llamar la atención, adquiera un actitud negativa hacia sus hermanos y se queje de dolores y molestias físicas.

A pesar de que niños más mayores o preadolescentes puedan tener un mayor entendimiento sobre lo que es la ansiedad y el estrés, no suelen ser capaces de interpretar sus sensaciones como tales, y el malestar puede desembocar en distintas alteraciones conductuales y emocionales.

Causas del estrés infantil

 

Como se ha comentado anteriormente en la delimitación del concepto de estrés, este puede estar originado tanto por factores externos como por factores internos, y sobre todo, por la interacción entre ambos factores.

De este modo, las causas del estrés infantil no distan mucho de las del estrés que padecen los adultos, ya que este se origina a través de una mala adaptación psicológica y personal sobre las exigencias o requisitos del ambiente.

Factores internos

Cuando hablamos de factores internos hacemos referencia a esas características que forman parte del funcionamiento mental y psicológico del niño que padece estrés.

Así pues, como factores internos que pueden verse involucrado en el desarrollo de estados de estrés encontramos la personalidad, los pensamientos y las actitudes del niño.

Así pues, cuando el niño necesita enfrentarse a situaciones difíciles, el niño puede no tener recursos necesarios para adaptarse de forma adecuada y responder ante ellos con sensaciones de estrés.

De esta forma, el estrés infantil puede ser generado por el mismo niño (al igual que sucede con los adultos), de acuerdo con su manera de percibirse a sí mismo y al mundo que le rodea.

Ciertas características internas que pueden hacer al niño más susceptible a padecer estrés son la ansiedad, la timidez, el deseo de agradar a los demás, el miedo a fracasar, el temor al castigo, las preocupaciones sobre su aspecto físico, las dudas sobre su capacidad de rendimiento, entre otros.

Factores externos

Al igual que sucede con los adultos, en los niños el estrés aparece cuando sus recursos personales son incapaces de adaptarse adecuadamente al ambiente, es decir, cuando los factores externos sobrepasan las capacidades de adaptación del niño.

Habitualmente, las exigencias externas a las que se ve expuesto un niño suelen ser menos “estresantes” que las que pueden aparecer en la vida de un adulto, sin embargo, este hecho no garantiza que el niño nunca vaya padecer estrés.

Dependiendo de los factores internos del pequeño, cambios significativos o relevantes en su vida cotidiana pueden ser suficientes para provocarle sensaciones y estados de estrés.

Así mismo, a medida que se va haciendo mayor, poseer responsabilidades superiores a su capacidad, presenciar crisis familiares, divorcios o separaciones de sus padres pueden ser también factores de riesgo para padecer estrés.

Otros aspectos como el fallecimiento o el padecimiento de una enfermedad grave por parte de algún familiar cercano, el nacimiento de un hermano, periodos de hospitalización, cambios en el ámbito escolar o problemas con sus amistades también pueden exponer al niño a padecer periodos de estrés.

Ámbitos de estrés en la infancia

Al abordar el estrés infantil, además de considerar el tipo y la naturaleza de los estresores, es importante tener presente el contento en el que se producen los acontecimientos “estresantes”.

Cuando los niños son más pequeños, los estresores suelen estar más relacionados con el contexto familiar y escolar.

En cambio, durante la adolescencia y la pre adolescencia se encuentra una mayor vulnerabilidad ante la transformación corporal, el cambio en las relaciones con padres y amigos, y el inicio de las relaciones sentimentales.

En este sentido, comentaremos los tres ámbitos de estrés principales que propuso Maria Victoria Trianes en 2002.

Escuela

En la literatura sobre el estrés infantil, se ha identificado en los alumnos de educación primaria, una serie de eventos referentes al ámbito escolar que pueden actuar como factores estresantes. Estos son:

  • Ser rechazado por los iguales.

  • Ser molestado por niños y mayores.

  • Ser el último en alcanzar una meta.

  • Ser ridiculizado en clase.

  • Cambiarse de centro escolar.

  • Exceso de demandas escolares.

  • Realizar exámenes.

  • Llevar a casa malas notas.

  • Tener conflictos con los profesores.

  • Tener preocupaciones referentes al futuro académico.

  • Ponerse metas de éxito y tener exigencias deportivas.

Familia

Los factores familiares más estresantes que se han detectado en la población infantil recaen básicamente en:

  1. El nacimiento de un hermano.

  2. Conflictos en la relación con los padres.

  3. Fallecimiento de abuelos o amigos próximos.

  4. enfermedad graves de algún miembro de la familia.

  5. Cambio de domicilio.

  6. Tensiones y dificultades que afecta a los padres en el ámbito laboral, económico o matrimonial.

Salud

Finalmente, una investigación llevada a cabo por McPherson en 2004, subrayó que el dolor y la enfermedad pueden constituir una de las principales fuentes de estrés para los niños.

Así mismo, Jewett y Petterson destacaron la hospitalización como el estresor más relevante en la población infantil, y la enfermedad crónica como un estresor que puede afectar tanto al niño como a su conjunto familiar.

Cómo prevenir el estrés en la infancia

 

La prevención del estrés infantil requiere controlar muchos aspectos diversos que configuran la vida del niño, y en especial, esos que están relacionados con los tres ámbitos que acabamos de comentar.

En primer lugar, es necesario que los padres se presenten como a modelos a seguir para sus hijos, por lo que estos deben ser capaces de gestionar adecuadamente sus estados de ansiedad y sus periodos de estrés delante del niño.

Si no se cumple este primer requisito, el niño puede aprender a responder antes los factores externos de misma forma que sus padres, por lo que será más vulnerable a padecer estrés.

Así mismo, actitudes positivas como la paciencia, la alegría, la tranquilidad, la calma y la capacidad reflexiva de los padres hacia su hijo, ayudan al niño a desarrollar actitudes parecidas ante sus factores externos y permiten poseer más recursos para evitar estados de estrés.

Otro aspecto importante para prevenir el estrés infantil es hacerlos participes de la resolución de problemas cotidianos y familiares, promoviendo una forma simple, realista y optimista de enfrentar este tipo de desafíos.

De este modo, el niño desarrollará un patrón de conducta regido por la aceptación y la coherencia sobre los problemas.

Cuando un niño ha empezado a padecer estrés o está en una situación que puede iniciar su padecimiento, es importante escucharle y valorar sus opiniones.

A pesar de los niños pequeños no deben decidir las actividades que realizan y las que no realizan en su totalidad, conocer sus opiniones puede ser muy beneficioso para detectar las posibles áreas y eventos que pueden estresarle.

Por otro lado, es importante también respetar el “ritmo del niño”, evitar hacer comparaciones con sus hermanos o amigos, infravalorar su cualidades o recriminarle sus capacidades y destrezas.

Finalmente, en esta línea, los padres deben evitar que su hijo crea que es valorizado, respetado y amado por tener un desempeño perfecto en lo que hace.

Este factor puede originar mucho estrés en el niño por lo que se le deberá motivar a esforzarse y exigirle el desempeño que sea capaz de conseguir, pero nunca saturarle ni basar la relación entre padre e hijos en estos términos.

17 JUEGOS Y TÉCNICAS DE RELAJACIÓN PARA NIÑOS

1. Método de relajación de Jacobson

Este es uno de los métodos más utilizados en todo el mundo. Este método se basa en la relajación a partir de la contracción de los músculos con el fin de relajarlos después.

Para ello, los ejercicios consisten en contraer y distender los músculos, lo que lleva a un alivio del sistema nervioso y de los músculos del organismo.

Esta técnica consiste en contraer músculos o grupos musculares durante algunos segundos para después relajarlos de manera progresiva.

Este técnica se basa en atender a la tensión en los músculos para darse cuenta después de la diferencia con la distensión.

Para ello, los niños se tumban en el suelo y les iremos indicando que tensen y relajen distintas partes del cuerpo. Se puede comenzar con partes individuales, con grupos amplios: manos, brazos, hombros, cuello, mandíbula, nariz…

Poco a poco, se pueden ir agrupando los diferentes grupos musculares. Les indicaremos que aprieten para notar la tensión y tras unos segundos, que suelten para notar la distensión.

2. Método de relajación autógeno de Schultz

Schultz es otro de los grandes teóricos de la relajación y su método uno de los más utilizados en todo el mundo.

Es un método global que se divide en nivel superior e inferior. A partir de los 6 años aproximadamente puede ser adecuado utilizarlo con los niños, comenzando por el nivel inferior. El nivel inferior se basa en sensaciones de pesadez y de calor.

Comenzaremos indicando a los niños que están muy tranquilos y entonces relajaremos el cuerpo y comenzaremos con las instrucciones.

Para ello, se pide a los niños que se centren en zonas del cuerpo (por ejemplo, brazos o piernas) y que sientan que son muy pesados. Por ejemplo, le decimos fíjate cómo pesa tu brazo, siente que es muy pesado o está caliente, es muy caliente.

Se trata de comenzar con la pesadez y lo repetiremos hasta que note que está libre de contracciones musculares.

Entonces, se repite la técnica con el resto de partes del cuerpo: extremidades inferiores, pelvis, tronco, brazos, cuello y cabeza.

3. Método de relajación a través del juego de Rejoue

Este método está basado en los conocimientos científicos que hay alrededor de la relajación, llevándola en los niños a través del juego, que es su manera natural de encontrarse en el mundo.

El método Rejoue (rejugar) está basado en las fuerzas complementarias que el autor indica que tiene la vida. Es decir, ellos proponen que la vida se mueve por parejas opuestas (día/noche, sol/luna, frío/calor).

En este sentido, las actividades que proponen bajo el método Rejoue se basan en estas parejas (grande/pequeño, frío/calor, excitación/descanso).

Los juegos propuestos en el método de Rejoue abarcan a su vez distintas técnicas como la tensión, el balanceo o la inmovilización, por ejemplo.

Una de las técnicas de relajación es el balanceo, que consiste en imitar los movimientos de balanceo que produce por ejemplo, una mecedora.

Para ello, deben ponerse en marcha movimientos de vaivén, bien sea hacia los lados, hacia adelante y después hacia atrás o hacia atrás y después hacia delante.

Una de las partes del cuerpo está en reposo, la que se escoja para trabajar, y debemos dejarla laxa, suave y blanda para poder balancearla.

Otra de las técnicas es la del estiramiento. Mediante esta técnica se permite también notar la diferencia entre estirar y relajar, similar a lo que sucede en la técnica de tensión y distensión.

Para ello, pedimos al niño que estire lo máximo que pueda distintas partes del cuerpo, como por ejemplo los brazos (hacia arriba, hacia los lados) y que se mantenga durante un tiempo en esa posición, apenas unos segundos.

Después, la relajaremos de manera suave.

4. Actividad El plumero

La hora del plumero es una actividad que puede ayudar a los niños a conseguir un estado de calma y bienestar que les permita después una mayor concentración.

Es una buena actividad para proponer en las aulas de la escuela cuando los niños, por ejemplo, están muy activados o cuando vuelven de la hora del recreo.

Para ello, se puede elegir una música suave y calmada que invite a la relajación y se debe coger un plumero. Ponemos a los niños en parejas, uno de ellos se tumba o se coloca sobre la misma.

Los niños que están tumbados deben cerrar los ojos y ponerse en una situación proclive a la relajación. Su compañero, con un plumero o cualquier objeto que permita las caricias, siguiendo la música, relaja a su compañeros.

Más tarde se cambia el turno y el otro compañero realiza la misma actividad.

5. Actividad El globo

Debemos invitar a los niños a que se conviertan en globos. Para ello, deben tanto hincharse como deshincharse, porque eso es lo que hacen los globos.

Cuando les demos la señal (que acordaremos todos juntos, por ejemplo el adulto abre y cierra la mano), ellos deberán inflar el globo, es decir, deberán llenar sus pulmones de aire hinchando la barriga.

Para ello, debes indicar al niño que coloque su mano en la barriga para que note como se hincha cuando coge aire. Cuando el adulto haga otro gesto, debe tirar el aire viendo como la barriga se va deshinchando.

Esta actividad se puede hacer tanto de pie, con gestos visuales, como tumbados. Los niños pueden cerrar los ojos y las claves que marquen cuándo coger aire y cuándo expulsarlo, pueden ser sonidos.

6. Método de relajación de Koeppen

El método de relajación de Koeppen es muy similar al de Jacobson, porque se basa en la tensión y distensión de los músculos, pero los ejercicios y las instrucciones se hacen a través de juegos.

Por ejemplo, para las manos y muñecas, se le explica al niño que debe apretar como si estuviera exprimiendo un limón y debe soltarlo después de golpe.

Para la espalda, debemos explicar al niño que nos convertimos en una marioneta y tenemos unos hilos que nos tiran hacia arriba y nos curvan un poco la espalda y de repente nos sueltan.

Para los hombros, nos convertimos en un gato, por lo que a cuatro patas debemos desperezarnos como lo hacen los gatos.

Para los hombros y el cuello, también podemos convertirnos en una tortuga, imaginando que estamos encima de una roca y que el sol cálido nos está dando en la cara. De repente, notamos un peligro y nos metemos dentro del caparazón.

Para los dedos, nos convertimos en un pianista y debemos convertirnos en un gran músico que toca muy bien el piano.

Para la mandíbula, debemos imaginarnos que estamos masticando un gran chicle, que está muy duro y que nos cuesta mucho masticar. Después, nos sacamos el chicle y nos damos cuenta de lo relajado que está.

Para la cara y la nariz, debemos pensar que tenemos una mariposa o una mosca que se ha posado en nuestra nariz y que nos está molestando.

Para ello, haciendo gestos con nuestra propia nariz, debemos intentar que se vaya de allí. Cuando lo conseguimos, notamos la diferencia.

Para el estómago, notamos que viene un elefante y notamos que nos quiere pisar en la barriga, por lo que debemos tensarla y ponerla dura para que al pisarnos, no nos haga daño.

Para las piernas y los pies, debemos indicarle al niño que se debe imaginar que estamos metidos dentro de un pantano con un barro muy espeso. Intentamos andar pero nos cuesta mucho.

7. La hormiga y el león

Esta actividad sirve para que los niños aprendan a respirar de manera profunda.

Para ello, les pediremos que respiren como lo haría un león, que es grande, fuerte y corre muy rápido. Para ello, el león precisa de una respiración más agitada y rápida.

Sin embargo, les pediremos que después respiren como una hormiga, que es más pequeña y por tanto necesita respirar de manera más pausada y lenta. Debemos intentar que acaben respirando como lo haría una hormiga.

8. Actividad La esponja

Es una actividad similar a la del plumero, pero lo haremos con una pelota blanda. Para ello, pediremos a los niños que se pongan por parejas y uno de ellos se tumbará en el suelo con los ojos cerrados.

Pondremos una música suave y relajada y pediremos que con la pelota masajeen el cuerpo de su compañero, como si tuviera jabón.

9. Visualización de imágenes agradables

Para realizar esta actividad, pedimos a los niños que se tumben en el suelo, que cierren los ojos y estén tranquilos y relajados.

Ponemos música tranquila y comenzamos a pedirles que respiren de manera pausada y tranquila, hablando de manera suave y pausada.

Hacemos ejercicios de visualización, pidiéndoles que se imagen un campo o un prado, con la hierba suave, una brisa muy fina y el silencio. Que se imaginen cómo huele, cómo cantan los pájaros, cómo son las flores, etc.

Otra de las versiones es imaginar una playa, el calor del sol, la brisa del mar, el olor que tiene, etc.

10. Contar hacia atrás o la escalera

Mediante esta actividad queremos que los niños se mantengan tranquilos y calmados. Para ello, les pedimos que cierren los ojos, que estén tranquilos y calmados.

Cuando ya lo estén, deben contar muy despacio desde 10 hasta 0, visualizando en su mente, de manera tranquila, cada uno de esos números. Deben permanecer tranquilos y con los músculos relajados.

Una manera diferente es indicarle al niño que se imagine una escalera. Él se encuentra en la parte de abajo, y no está nada relajado. Va a comenzar a subir la escalera, que tiene diez peldaños.

Cada peldaño que suba, es una relajación mayor, y cuando alcance la parte alta de la escalera se encontrará en un estado de tranquilidad absoluta.

11. Test del spaghetti

A través de ejercicios de Mindfulness pretendemos que el niño sea consciente de los estados internos que presenta, por ejemplo, si está nervioso, si tiene los músculos tensos, si está calmado… Y de esta forma poder modificarlo.

Para ello, estos ejercicios se centrarán en la concentración y la atención plena sobre nuestro cuerpo.

Uno de los ejercicios puede ser el Test del spaghetti. Para ello, debemos decir a los niños que atiendan a aquellas fibras de su cuerpo que están como un spaghetti duro, que se centren en ello y que lo conviertan en spaghettis cocidos, bien blandos y flexibles.

12. El robot o muñeco de trapo

En primer lugar, le diremos al niño que debe actuar como si fuera un robot, con movimientos rígidos y músculos muy tensos.

A continuación le daremos una señal visual o auditiva para que deje de tensar los músculos y se convierta en un muñeco de trapo, es decir, abandonará la rigidez y pasará a un estado más blando.

En este proceso se le irá guiando para indicarle cuándo está tenso y cuando relajado.

13. Taxi-manta o alfombra mágica

Para realizar esta actividad, debe ponerse una manta en el suelo e indicarle al niño que se tumbe sobre ella.

Has de explicarle que está encima de un taxi o de una alfombra mágica. Debes observar si el cuerpo del niño esté tenso o relajado a través de señales.

Le explicas que cuando el cuerpo está tenso, la alfombra o el taxi va más despacio, pero en cuanto consigue eliminar esa tensión, al estar más ligero, el taxi corre más.

La intención del niño será destensar los músculos para aumentar la velocidad del vehículo.

14. Las mandalas

Pintar mandalas en un entorno agradable puede ser una buena actividad de relajación. Al pintarlas, nuestros hemisferios (hemisferio derecho e izquierdo) trabajan juntos, y es una actividad que puede ayudar a los niños a concentrarse.

Para ello, podemos poner música suave y relajada y ofrecer a cada niño mandalas y pintura, indicándoles que deben concentrarse y pintar en silencio, lo que puede llevarles a un estado de tranquilidad y bienestar.

No pueden hablar mientras están pintando las mandalas, se realiza durante un tiempo prudente, alrededor de 15 minutos, y se les indica que no pueden comenzar a pintar otro mandala hasta que no tengan el suyo terminado.

15. La técnica de la tortuga

La técnica de la tortuga pretende trabajar la impulsividad. Para ello, haremos saber al niño que vamos a convertirnos en una tortuga.

¿Qué hacen las tortugas? Cuando sienten que les amenazan, se meten dentro de su caparazón. Por tanto, cuando él sienta que no puede controlarse, debe convertirse en una tortuga y meterse dentro de su caparazón.

Cuando esté dentro, debe soltar todos sus músculos, dejar que sus manos cuelguen, relajar sus pies, no hacer fuerza con la barriga y respirar muy lenta y profundamente.

Se le indica que piense en cosas bonitas y agradables y las emociones desagradables, por ejemplo el enfado, se irá yendo poco a poco.

16. La sopa caliente o la tarta de cumpleaños

Mediante la sopa caliente se pretende que el niño alcance, a través de la respiración profunda, un estado de relajación.

Se tienen que imaginar que están comiendo una sopa caliente, pero ésta no debe quemarles. Se les debe indicar que tienen un cuenco delante, y que la sopa está muy caliente.

Debemos tener cuidado para no quemarnos, así que comenzaremos a soplar con suavidad la sopa. Al soplar, nuestro cuerpo cambiará: la barriga se quedará hundida y los hombros estarán relajados.

Continuaremos soplando porque está todavía caliente, así que para ello se harán inspiraciones profundas.

También se puede realizar como si fuera una tarta de cumpleaños, imitando cómo se soplaría la tarta. Para ello, inspiramos y después soltamos lentamente.

17. La primavera

Esta actividad está indicada también para que alcancen un estado de relajación a través de la contracción de los músculos y la posterior distensión.

Para ello, le tenemos que indicar a los niños que estamos al final del invierno y que pronto llegará la primera.

Les debemos indicar que somos un bloque de hielo y que poco a poco nos vamos derritiendo, porque llegará la primera y nos convertiremos en una bonita flor o en un árbol florido.

Para ello, los niños comenzarán a moverse, y cuando les demos la consigna de ¡Hielo! deberán convertirse en un bloque y apretar fuerte las piernas, las manos, los puños y los brazos. Estarán completamente congelados.

Sin embargo, cuando la maestra diga ¡Primavera!, el niño deberá aflojar todo el cuerpo, porque el hielo se estará derritiendo poco a poco. Finalmente, se tumbará en el suelo y se convertirá en una flor o un árbol.

problemas METRO, LITRO y KILO. 5ºp

Aquí van unos cuantos problemas de quinto de primaria.

Todos ellos relacionados con la métrica y su relación con el euro

 

  • METRO
  • LITRO
  • KILO
  • EUROS

 

problemas metros, litros, kilos quinto de primaria

 

problemas sólo de la métrica

 

medidas de longitud

 

unidades de longitud

problemas de capacidad

 

unidades_de_capacidad

 

.medidas_de_capacidad_y_peso

problemas nivel QUINTO DE PRIMARIA

 

problemas5